Un viernes a las once de la noche, un quiteño deja el carro a dos cuadras del chongo, entra por la puerta lateral que ya conoce y pasa un buen rato conversando con una chica colombiana, y el domingo está en misa con la familia como cualquier otra semana. No hay nada extraño en esa escena, porque en Ecuador lo público y lo privado funcionan en carriles separados, y entender esa separación es entender cómo se mueve el mercado de prepagos en el país.
Las cifras lo muestran con claridad: Ecuador está en el top 10 de las Américas en gasto en OnlyFans, con unos 17,5 millones de dólares en 2025 y un crecimiento cercano al 16% respecto al año anterior, mientras los canales de Telegram de prepagos ecuatorianas suman decenas de miles de suscriptores. La demanda es grande y estable, aunque casi nunca aparece en la conversación pública.
De dónde viene la palabra curuchupa
La palabra curuchupa viene del quichua, de curu (gusano) y chupa (cola), y los liberales del siglo XIX la usaban para referirse a los conservadores más cercanos al clero, de ahí que otra versión la explique como curachupa, la cola del cura. Hoy se usa para hablar de alguien muy tradicional o mojigato, y retrata bien un rasgo cultural del país: una sociedad conservadora en las formas que, en la práctica, tiene un mercado adulto muy activo.
Sierra y costa, dos maneras de vivirlo
En la costa el tema se lleva con más naturalidad, y Guayaquil siempre tuvo una vida nocturna abierta donde los chongos y las prepagos formaban parte del paisaje de la ciudad. En la sierra, en cambio, pesa más la discreción, sobre todo en Cuenca, una ciudad tradicional donde todos se conocen y donde el catador cuencano suele preferir moverse lejos de su barrio o aprovechar un viaje a Guayaquil o Quito.
Quito queda en un punto intermedio, con zonas como La Mariscal que durante años concentraron la oferta nocturna y donde la regla no escrita siempre fue entrar tranquilo, no buscar conocidos y disfrutar sin hacer ruido.
Ni prohibido ni regulado
En lo legal, Ecuador ocupa una zona intermedia, ya que el trabajo sexual entre adultos no es delito pero tampoco tiene una regulación laboral específica, por lo que las trabajadoras no cuentan con contrato ni afiliación al IESS. Los municipios lo gestionan a través de las llamadas zonas de tolerancia, como la que establece la ordenanza de Esmeraldas para el sector de Winchele, y en Colombia la Corte Constitucional ya reconoció derechos laborales en este ámbito, algo que en Ecuador todavía no se ha planteado.
La migración hizo visible el mercado
Con la llegada de venezolanas y colombianas, el mercado ecuatoriano creció y se volvió mucho más visible en plataformas y redes, aunque la demanda local ya existía antes. La dolarización es una parte importante de la explicación, porque cobrar en dólares hace que Ecuador resulte atractivo para quien viene de economías con monedas más débiles, y eso amplió la oferta en todas las ciudades grandes.
El qué dirán y el auge del delivery
El control social informal, ese "qué dirán" tan presente en las ciudades medianas, explica en buena parte por qué el delivery se volvió la modalidad preferida, ya que la prepago llega al hotel o al departamento y nadie tiene que cruzarse con nadie. Por la misma razón Telegram ganó terreno frente a WhatsApp, porque permite canales silenciados, chats que se borran y cuentas sin número visible, justo la privacidad que el catador ecuatoriano valora.
En Guayaquil a esto se sumó la situación de seguridad, que llevó a muchos locales del centro a cerrar y trasladó buena parte de la vida nocturna a Samborondón, donde los clubs operan con control de acceso y seguridad privada, de modo que hoy el usuario guayaco se mueve entre esos espacios y el contacto directo por canales digitales.
Lo que dice todo esto
La relación de Ecuador con las prepagos no es tanto una contradicción como una forma de convivencia, en la que el país mantiene sus tradiciones en lo público mientras en lo privado sostiene un mercado amplio y cada vez más digital. Para el usuario, la clave es la misma de siempre: discreción, respeto y saber que en Ecuador casi todo es posible siempre que se haga con tranquilidad y sin hacer ruido.